Es una intoxicación de origen alimentario causada
por una toxina de un germen que provoca ligeros síntomas digestivos, pero al
mismo tiempo puede producir manifestaciones nerviosas de tipo paralítico en los
músculos de los ojos, trastornos en la palabra, en la deglución e incluso
colapsos respiratorios y circulatorios que pueden llegar a producir la muerte.
Los alimentos más fácilmente contagiables son las carnes, los embutidos y los mariscos, también el queso. La cocción disminuye la toxina. Es conveniente no comer
ningún alimento conservado que haya cambiado de color, de consistencia o de
olor. Mientras se avisa al médico se deberá estimular el vómito (titilaciones
de la campanilla, tomar agua salada, etc.) y se administrará un purgante, preferentemente
aceite de ricino.

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